martes, 27 de abril de 2010

Ciclos que van.

Se cumplió el ciclo y no sé si influyen ella y su mirada, pero tengo la certeza de que muchos más están por comenzar.

Se acaba el ciclo y me deja entre tanto, la obligación de ser un hombre más congruente de pensamiento y acción con lo que creo y con lo que me ha motivado en este trayecto: justicia y libertad.

Se termina el ciclo y hoy sé que la construcción de la Iglesia no se remite a reuniones juveniles algún día por la tarde, ni consiste en visitar comunidades rurales en fin de semana sino, a los hechos reales que hacen latir a un mundo más fraterno y hermano, todos los días, acción tras acción.

Finaliza el ciclo y puedo ver que, las vidas invertidas de los que me dieron la oportunidad de soñar y conocer el mundo con todas sus consecuencias, me hicieron entender que es posible darlo todo sin esperar nada a cambio, que no es del todo estúpido sembrar en cualquier estación, que vale la pena creer y realizar toda clase de sacrificios por un motivo exclusivo: amor.

Se cierra el ciclo y es hermoso, porque en éstos y algunos otros se han sumado a mi paso y yo a los suyos, personas invaluables que hoy caminan conmigo hacia la apertura de nuevos senderos. Ellos hoy son prueba de que la incondicionalidad existe, por que no lo cierro sólo.

No es sólo la nostalgia, es que en verdad voy a extrañar mucho; es que por momentos la separación es pesada. Se termina pero no se extingue, se cierra pero no se clausura, habitará en lo que soy mientras viva y porque gracias a que se consuma, se abre más, continúa el caminar al horizonte y yo, tengo muchas ganas y esperanza.

Concluye el ciclo y con él la tinta en el bolsillo, porque la pluma ha hecho exigencia esta que es para mí una gran necesidad.

Gracias por acompañarme en este ciclo que comienza.

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